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Vieja caliente se deja empotrar en cabaña de madera

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Estúdio Dade80
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Desde que llegó la Navidad esa señora no paraba de mirarlo con esos ojos de puta hambrienta cada vez que él pasaba con el torso desnudo cargando leña. Hoy la cosa se puso caliente cuando él la encontró sola en el cottage, sin más ropa que un delantal sucio que apenas le tapaba las tetas caídas y el coño peludo asomando por debajo. Sin decir ni media palabra, él la empujó contra la mesa de madera gastada y le arrancó el delantal de un tirón, dejando al descubierto unos pezones duros como piedras y un coño empapado que goteaba sobre el piso de tablones. Ella gimió como una perra en celo mientras él le agarraba el culo flácido y la levantaba en el aire para empalmarle la polla gruesa contra su rajita temblorosa, sintiendo cómo el calor húmedo de su coño le quemaba la verga hasta la base. Con un gruñido bestial, la embistió hasta el fondo sin piedad, haciendo que sus tetas viejas botaran como gelatina cada vez que la embestida la empujaba contra la mesa, el sonido de los choques de carne contra carne llenando el cottage junto con los gemidos roncos de ella pidiendo más. Él la empotró contra la pared de troncos, le agarró el cuello con una mano y con la otra le azotó el culo arrugado hasta dejarlo rojo, mientras su polla entraba y salía como un pistón dentro de ese coño estrecho que aún conservaba la humedad de sus jugos. Cuando ella sintió que la polla le rozaba el punto G, se corrió con un grito agudo, empapando la polla de leche espesa mientras sus piernas temblaban como gelatina. Él no se detuvo ahí, sino que la volteó boca abajo sobre la alfombra raída, le abrió las nalgas arrugadas y le metió la polla hasta las bolas, sintiendo cómo su coño viejo y usado se aferraba a él como un guante mojado. Con cada embestida profunda, el sonido de los huevos golpeando contra su clítoris hinchado resonaba en la cabaña mientras ella chillaba como una cerda en celo, su coño chorreando jugos por todas partes. Él aceleró el ritmo hasta que sintió que la leche le subía por los huevos, entonces la agarró del pelo y le metió la polla hasta el fondo, corriéndose con un rugido dentro de ese coño viejo que lo succionaba como una boca hambrienta, dejando su vientre abultado por la leche caliente que se le escapaba por las piernas.

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