Verificación de polla dura con sumisa obediente
Lucía no podía creer que su jefe le ordenara desnudarse frente a él, pero las reglas eran claras: si quería el ascenso, debía demostrar su lealtad. Las manos temblorosas de Lucía se deslizaron por el vestido ajustado hasta dejarlo caer al suelo, revelando sus curvas perfectas y el coño ya mojado de anticipación. El jefe, con una sonrisa cruel, le indicó que se arrodillara y abriera la boca, mientras su polla dura como roca se balanceaba frente a su cara. Lucía obedeció sin rechistar, sintiendo el peso de su sumisión mientras él agarraba su pelo con fuerza y empujaba su verga hasta el fondo de su garganta. Las arcadas la hacían gemir, pero él solo apretaba más, disfrutando el control absoluto sobre su cuerpo. Cuando decidió que ya era suficiente, la obligó a ponerse de manos y rodillas en el escritorio, levantando su culo redondo para empotrársela de una estocada. Cada embestida la hacía chocar contra la mesa, los golpes secos resonando en la oficina vacía. Lucía suplicaba entre gemidos que le permitiera correrse, pero él solo reía y seguía follándola sin piedad, sintiendo cómo su coño apretaba su polla como si no quisiera soltarlo. Cuando al fin le dio permiso, ella se vino con un grito ahogado, su cuerpo temblando bajo el peso de su jefe. Él, satisfecho, se corrió sobre su espalda, marcándola como suya. Al terminar, Lucía se quedó inmóvil, sintiendo el semen resbalar por su piel mientras su jefe se abrochaba el pantalón con indiferencia, como si nada hubiera pasado.