Becky Bandini se entrega al pollón de su hijastro en la sala
—No deberíamos hacer esto— susurra Becky Bandini mientras se arrodilla frente a Tony Profane, pero sus labios ya están abiertos y su lengua recorre la punta de su verga hinchada. Él le agarra el pelo, empujando su polla hasta el fondo de su garganta mientras ella ahoga un gemido, las medias de seda rozando sus muslos. El tabú la excita más: sabe que esto está mal, pero no puede parar, sus tetas grandes rebotando con cada embestida mientras él la monta por detrás, sus uñas marcando la piel de su culo. Tony Profane la voltea, hundiendo su verga en su coño mojado de una estocada, sintiendo cómo sus paredes lo aprietan como un guante. Becky gime más fuerte, su cuerpo temblando con cada sacudida, los sonidos húmedos de su carne chocando llenan la habitación. Él la agarra de las caderas, embistiéndola con fuerza, sintiendo cómo su polla palpita dentro de ella. Becky clava las uñas en el sofá, su respiración entrecortada mientras Tony Profane acelera el ritmo, sus bolas golpeando su culo con cada movimiento. Ella siente el calor creciendo en su vientre, su cuerpo tensándose antes de que él se corra dentro de ella, llenándola con su leche caliente. Tony Profane se derrumba sobre ella, sudoroso y satisfecho, mientras Becky Bandini mira hacia la puerta, imaginando qué pasaría si alguien los descubriera.