Birx se excita con su vibrador en la cocina de madrugada
Es de madrugada y Birx está sola en la cocina, con el vibrador entre las piernas y el corazón acelerado. Imagínate que en cualquier momento podría entrar alguien: su marido, un vecino curioso, incluso el repartidor de la mañana. Pero ella no puede parar, sus dedos se clavan en los muslos mientras el juguete vibra contra su coño ya empapado. Escucha con atención, conteniendo los gemidos para que no la descubran, pero el placer es demasiado intenso. Sus tetas grandes rebotan con cada movimiento, los pezones duros como piedras, y el calor le sube por el cuerpo. El riesgo de ser pillada la excita más, hace que apriete el vibrador con más fuerza, sintiendo cómo le frota el clítoris hinchado. El sonido del motor eléctrico se mezcla con sus respiraciones entrecortadas, y aunque intenta ser silenciosa, un gemido escapa cuando el orgasmo la sacude de golpe. Las piernas le tiemblan, el jugo le chorrean por los muslos, y justo cuando cree que ya no aguanta más, oye pasos en el pasillo. '¿Birx? ¿Estás ahí?' pregunta una voz masculina desde el otro lado de la puerta. Ella se queda quieta, con el vibrador aún vibrando entre sus piernas, y sonríe con malicia antes de responder: 'Sí, cariño... solo estaba... preparando el desayuno.'