El hijastro descubre que la madrastra lo desea a él y no al padre
—No quiero que se reconcilien, mamá—, gritó Ryan Keely después de ver cómo su madrastra lo miraba con ese brillo en los ojos mientras él se duchaba. Lo que no sabía era que esa mirada de deseo no era por su padre, sino por él, por su polla dura que ya había imaginado montarle varias veces. Cuando ella lo encontró en el pasillo con nada más que una toalla, la madrastra no pudo resistir tocarlo, sus dedos resbalando por su torso mientras le susurraba: —¿Sabes cuánto tiempo llevo queriendo esto?—. Él, sorprendido, sintió cómo su polla saltaba bajo la toalla, lista para ser chupada por esa boca que ya había imaginado alrededor de su verga. No hubo palabras después, solo la madrastra arrodillándose y sacando su polla con una lentitud torturante, lamiendo la punta antes de metérsela entera de golpe, hasta que las caderas chocaron. Los gemidos de ella al sentir su verga hinchándosela en la garganta te van a encender, mientras ella se agarra a sus nalgas para empujarlo más adentro, ahogándose de placer. Luego te vas a poner durísimo cuando él la levante y la empotre contra la pared, clavándosela hasta que sus tetas reboten con cada embestida, el choque de pieles húmedas resonando en el pasillo. Imagínate el sonido de su coño chorreando cuando él la voltea y le mete la mano por detrás, abriéndole el culo para ver cómo su polla desaparece dentro de ella, los músculos de sus muslos temblando con cada arremetida. La madrastra grita su nombre entre jadeos, rogando que no se detenga, mientras sus uñas le dejan marcas en la espalda. El final es un diluvio de leche que ella recoge con los dedos, llevándoselos a la boca para saborear cada gota. Pero esto no termina aquí... la próxima vez, te voy a mostrar cómo ella lo llora a él y no a su padre cuando lo necesita.