Furry juguetona se entrega al héroe en el juego porno
“No pares, sigue follándome así, fuerte...” La furry de pelaje sedoso y cola esponjosa gimió mientras yo le clavaba mi polla hasta las pelotas, empotrándola contra la pared del bosque virtual. Sus tetas rebotaban con cada embestida, los pezones rosados duros como guijarros, y su coño apretado chorreaba miel caliente. La dominé desde atrás, tirando de sus orejas puntiagudas mientras le ordenaba que me suplicara. “Por favor, señor, déjame correrme”, balbuceó con la voz entrecortada, y yo solo sonreí antes de azotarle el culo peludo. La hice arrodillarse para chuparme, obligándola a tragar hasta la última gota de mi leche espesa. En más de 61 minutos de escena, la convertí en mi puta sumisa, marcando cada centímetro de su cuerpo con mis dedos, mi lengua y mi verga. Cuando terminé, su pelaje estaba empapado de sudor y su boca aún jadeaba, pero sus ojos brillaban de placer. La furry que antes se burlaba de mí ahora solo podía gemir mi nombre.