Hentai putas lamiendo pollas como locas por venganza
La habitación estaba llena de gemidos ahogados y el olor agrio del sudor de dos cuerpos en celo, las paredes vibraban con el ritmo de mi polla entrando y saliendo de ese coño bien mojado que no era mío, pero que iba a hacer mío en menos de 11 minutos de escena. Ella me miró con esos ojos de zorrita furiosa, sabiendo que esto era mi forma de cobrarle lo que le hizo a mi hermano, y no iba a quedarme con las ganas de hundirle la verga hasta que sus muslos temblaran. Le agarré el pelo con fuerza mientras su boca se abría para tragarse toda mi longitud, sintiendo como su garganta se apretaba alrededor de la punta, tragando pre-cum como si fuera el último trago de agua en el desierto. El sonido de sus gemidos se mezclaba con el chasquido de sus labios contra mi piel, y cuando le metí los dedos en el culo, su cuerpo entero se arqueó hacia atrás, ofreciéndome ese agujero tan apretado que no había visto ni probado nunca. La puse a cuatro patas contra la pared, con sus grandes tetas colgando pesadas mientras la embestía de atrás, sintiendo como cada golpe hacía temblar su cuerpo y sus gritos se volvían más desesperados. Le di una nalgada tan fuerte que dejó la marca de mi mano en su piel, y cuando le corrí en la boca, su expresión de placer se volvió de pura sumisión, tragando cada gota como si le perteneciera. Pero no era para ella, era para él, para que supiera que lo que fue suyo ahora era mío, y que nadie le iba a quitar lo que yo le estaba dando a esta putita caliente que solo quería una cosa: que la follaran sin piedad, justo como yo lo estaba haciendo. Cuando le metí la polla entera en el coño y la sostuve allí, sintiendo como sus paredes internas se contraían alrededor de mi verga, supe que no iba a aguantar mucho más. Sin pensarlo, le clavé los dedos en las caderas, marcando su piel mientras la llenaba de mi leche hasta que no quedó ni una gota, dejándola temblando y mojada, justo como quería. Pero no me detuve ahí, porque ahora era mi turno de disfrutar ese culo que tanto había deseado, y cuando la puse en la posición perfecta, supe que no iba a parar hasta que su cuerpo entero me perteneciera, y que nadie, ni siquiera él, iba a poder quitármelo. La penetré de una estocada, sintiendo como su agujero se abría para mí, y cuando sus gritos se volvieron incontrolables, supe que estaba listo para terminar lo que empezó, dejándola empapada y satisfecha, justo como una perra en celo que solo quiere más. Pero no era para ella, era para mí, para probarle que podía tener lo que él nunca tuvo, y que nunca iba a olvidar la sensación de mi verga dentro de ella, marcándola como mía para siempre. Y cuando al fin me corrí, fue con un gruñido de satisfacción, sabiendo que había ganado, que había tomado lo que era mío, y que nadie, ni siquiera ella, iba a poder quitármelo. Pero no me detuve ahí, porque ahora era mi turno de disfrutar ese culo que tanto había deseado, y cuando la puse en la posición perfecta, supe que no iba a parar hasta que su cuerpo entero me perteneciera, y que nadie, ni siquiera él, iba a poder quitármelo. La penetré de una estocada, sintiendo como su agujero se abría para mí, y cuando sus gritos se volvieron incontrolables, supe que estaba listo para terminar lo que empezó, dejándola empapada y satisfecha, justo como una perra en celo que solo quiere más. Pero no era para ella, era para mí, para probarle que podía tener lo que él nunca tuvo, y que nunca iba a olvidar la sensación de mi verga dentro de ella, marcándola como mía para siempre. Y cuando al fin me corrí, fue con un gruñido de satisfacción, sabiendo que había ganado, que había tomado lo que era mío, y que nadie, ni siquiera ella, iba a poder quitármelo.