La compañera de piso se montó en mi verga como una loca
Te la habías imaginado mil veces así, con su culo perfecto balanceándose sobre tu polla mientras Juliana Rose te miraba con esos ojos de puta hambrienta. La tensión entre ustedes había sido insoportable por semanas: miradas robadas en la cocina, roces "accidentales" al pasar por el pasillo, suspiros ahogados cuando creían que el otro no escuchaba. Hasta que una noche, después de un trago de más, ella se te acercó con esa sonrisa pícara y te susurró al oído: 'Hoy no me voy a ir hasta que me llenes entera'. La agarras de las caderas y sientes cómo su coño mojado resbala sobre tu verga, caliente y lista para recibirte. Le das una nalgada fuerte y ella gime, arqueando la espalda para que la penetres más hondo. La montas como una perra en celo, sintiendo cómo sus tetas rebotan con cada embestida, hasta que la pones de perrito y le metes la polla hasta las pelotas mientras le agarras el pelo. Ella grita tu nombre, empapada de sudor y placer, y cuando por fin te corres dentro de ella, te clava las uñas en la espalda y te dice que esto no se acaba aquí. En más de 11 minutos de escena, te das cuenta de que esto era solo el principio de lo que su cuerpo puede aguantar.