La cuidadora se excita sola con su uniforme ajustado
Aquel mediodía de verano, con el sol colándose por la ventana, me quedé sola en la casa que cuidaba mientras los dueños salían. Me encantaba el uniforme que me obligaban a usar: una falda corta que apenas tapaba mis nalgas firmes y una blusa blanca que se transparentaba cuando me movía. Te voy a contar cómo empecé a jugar con mis pezones duros bajo el tejido, imaginando que eras tú el que me descubría. Primero fue un dedo rozando mi coño por encima de la ropa interior, pero pronto la humedad me delató: estaba empapada. Me quité las bragas y las tiré al suelo, dejando un charco en la alfombra. ¿Te gustaría estar en su lugar, viendo cómo me abría las piernas sobre el sofá, metiendo dos dedos hasta que los gemidos escapaban de mi garganta? De pronto, sentí algo duro presionando contra mi entrada: el mango de una escoba que había dejado apoyada contra la pared. Sin pensarlo, lo usé para follarme con fuerza, sintiendo cada centímetro entrando y saliendo mientras mi clítoris palpitaba. Fue entonces cuando escuché el ruido de la puerta: los dueños habían vuelto antes de tiempo. Pero ya era tarde, porque mi orgasmo me recorrió entera, dejando mis muslos temblorosos y una mancha húmeda en el sofá. Al final, solo quedó mi uniforme arrugado en el suelo, con el olor a sexo flotando en el aire.