La ladrona de uniforme recibe su castigo en público
—'No deberías haber robado, pequeña'— susurró el oficial mientras le arrancaba el vestido en el probador. Slay Kay, la ladrona de tetitas apretadas, sintió cómo el uniforme azul se le pegaba al cuerpo sudoroso mientras Juan Largo la empujaba contra la pared. Sus manos grandes le apretaban las nalgas, y ella gimió al sentir cómo la polla dura le rozaba el coño mojado. Sabía que esto estaba mal, pero el morbo de ser pillada le hacía chorrear. El oficial le bajó los pantalones de un tirón, dejando su culo al aire, y le escupió en el agujero antes de meterle los dedos. —'Te voy a enseñar lo que pasa con las putitas como tú'— gruñó mientras le abría las nalgas con fuerza. Slay Kay se mordió el labio al sentir cómo le metía los dedos hasta el fondo, retorciéndolos para prepararla. Cuando la polla gruesa le entró de una estocada, ella gritó, pero el oficial le tapó la boca con la mano. —'Shhh, no quieres que te escuchen, ¿verdad?'— susurró mientras la embestía contra la pared, haciendo que sus tetitas rebotaran con cada movimiento. El sonido de la carne chocando llenaba el probador, y Slay Kay sentía cómo la polla le rozaba el cuello del útero con cada empujón. El oficial le agarraba el pelo con fuerza, tirando de su cabeza hacia atrás mientras la follaba sin piedad. —'Te gusta esto, ¿eh? Sabía que eras una zorra'— le escupió en la cara antes de darle una nalgada que resonó en el pequeño espacio. Slay Kay no podía evitar gemir, su coño apretado chupando cada centímetro de la polla mientras él la penetraba sin descanso. Cuando el oficial le dio la vuelta y la puso de rodillas, ella obedeció sin rechistar, abriendo la boca para chuparle la polla sudada. —'Así me gusta, puta, hazlo bien'— ordenó mientras le agarraba la cabeza y la empujaba hacia su verga. Slay Kay lamía y chupaba con desesperación, sintiendo cómo el semen le llenaba la boca antes de que él la levantara y la empotrara contra la pared una última vez. —'Ahora te voy a llenar ese coño de leche, ladrona'— gruñó antes de correrse dentro de ella, dejando escapar un gemido gutural mientras su polla palpitaba dentro de su coño apretado. Slay Kay se quedó temblando, con la respiración agitada y el coño lleno de semen, mientras el oficial se subía los pantalones con una sonrisa satisfecha. —'La próxima vez, piénsalo dos veces antes de robar'— dijo antes de salir del probador, dejando a Slay Kay con las piernas temblorosas y el cuerpo ardiente de deseo prohibido.