La suegra me provocó hasta que no pude aguantar más
Lorena siempre se vestía para provocarme, con esos vestidos ajustados que marcaban su culo redondo y ese escote que dejaba ver sus tetas firmes. Me mandaba fotos de su coño depilado, mojado, y me rozaba el brazo cada vez que pasaba por mi lado. Hoy no aguanté más, la empujé contra la pared, le arranqué el tanga y me arrodillé para chuparle el clítoris hinchado. Sentí cómo su jugo caliente me llenaba la boca mientras gemía como una perra en celo. Metí dos dedos en su coño apretado y los moví rápido, haciendo que se retorciera de placer. Cuando ya no pudo más, la tiré al suelo y me monté encima, empalándome en su polla dura hasta que los dos gritamos de placer. La follé contra el sofá, contra la pared, hasta que su culo quedó marcado por mis dedos. Me corrí dentro de ella, llenándola de leche espesa mientras sus paredes vaginales se contraían alrededor de mi verga. Fue una follada salvaje, llena de gemidos y sudor, donde perdimos el control por completo.