Lana Lee y Jack Blaque follando como putas cachondas
La rubia Lana ya venía con los muslos apretados desde que lo vio entrar con esa polla monstruosa colgando bajo el pantalón ajustado, pero cuando Jack le soltó un tirón seco del pelo y le escupió en la boca un hilo de saliva espesa que le resbaló por la lengua, la morena no pudo más que gemir con la voz ahogada en un gruñido animal. Él la empujó contra la pared del baño, le arrancó el tanga de encaje negro con los dientes y le metió dos dedos bien empapados en el coño empinándole el culo para que sintiera cada nudillo rozarle el clítoris hinchado. Lana chilló cuando la polla negra y gruesa de Jack le abrió las paredes vaginales de un solo empellón, con ese glande violáceo que le hacía sentir cada vena palpitando dentro. Él la sujetó por las caderas con garras y empezó a embestirla como un animal en celo, cada golpe seco le sacudía los senos pesados que rebotaban con un sonido húmedo, mientras ella se agarraba a la barra del toallero gimiendo que no aguantaba más, que se iba a correr en cualquier momento. Jack le clavó los dientes en el hombro y le ordenó que se callara, pero Lana soltó un alarido cuando el primer chorro de leche caliente le brotó como un géiser del coño, empapándole los muslos y el suelo de un líquido espeso que olía a sexo crudo y a sudor. Él no paró ahí, le dio la vuelta como si fuera un trapo y la empotró contra el lavabo, levantándole el culo para que la polla le llegara hasta la garganta, mientras ella se corría otra vez con espasmos que le hacían temblar las piernas como gelatina. Jack le agarró la melena y le obligó a mirarlo a los ojos mientras le llenaba la boca con su corrida espesa, pero Lana no pudo tragar ni un gota, porque antes de que pudiera reaccionar, otra fuente de líquido transparente le brotó del coño mojándole las pantorrillas y el charco en el suelo creció hasta cubrirle los pies descalzos. Él se retiró con la polla brillando de jugos mezclados, le dio una palmada en el culo enrojecido y le susurró al oído que la próxima vez le iba a reventar la boca hasta ahogarla en su leche. Lana se quedó jadeando contra la baldosa fría, con las bragas hechas trizas alrededor de un tobillo y el coño chorreando una mezcla de leche y sus propios jugos, mientras Jack se limpiaba la polla con el borde de su camiseta antes de irse silbando como si nada hubiera pasado.