Negro empotrando rubia hasta dejarla sin aliento
Damion Dayski no perdonó ni un segundo. Desde que entró al cuarto, supe que esa polla negra enorme iba a destrozarme. Me temblaban las piernas solo de ver cómo se movía bajo el boxer, pero no podía apartar la mirada. 'Esto está mal', pensé, pero mi coño ya estaba mojado antes de que me tocara. Cuando me empujó contra la pared y me levantó como si no pesara nada, sentí su verga tan gruesa que casi me ahogo. Me penetró de una estocada, sin aviso, y grité como nunca. Cada embestida me dejaba sin aire, sus pelotas golpeando mi culo mientras me agarraba de las nalgas para hundirse más. Chupé su polla hasta babear, pero él solo quería follarme duro, como si quisiera romperme. En más de 10 minutos de escena, no dejó de empotrarme en todas las posiciones, hasta que al final me corrió en la cara, marcándome como su puta. Yo solo podía gemir, avergonzada pero deseando más.