Novoser reta a Uleison en el bosque con su polla dura
—¿Crees que puedes manejarme, macho?— le solté con una sonrisa pícara mientras me agarraba el culo. Uleison, ese puto musculoso que me miraba con hambre, no pudo resistirse al desafío. El bosque estaba oscuro, pero la luna iluminaba lo suficiente para ver cómo su polla gruesa ya se ponía dura entre sus piernas. Me arrodillé frente a él, le bajé el pantalón de una vez y empecé a chupársela con ganas, sintiendo cómo su verga palpitaba en mi boca. Él gruñó como un animal, agarrándome el pelo mientras yo lo trabajaba hasta dejarlo mojado de saliva. Pero no iba a ser tan fácil: me levanté, le di la espalda y me incliné, ofreciéndole mi culo bien abierto. —Ahora verás si aguantas— le dije mientras me empotraba contra su cuerpo. Uleison no perdió tiempo: me agarró las caderas con fuerza y me clavó su polla hasta las pelotas, haciéndome gemir como una loca. Cada embestida era más brutal que la anterior, y yo no podía evitar gritar mientras él me follaba como si no hubiera mañana. Sentía cómo su verga me llenaba por completo, rozando cada rincón de mi coño mientras el sudor nos cubría a ambos. —No te corras todavía— le ordené, pero él solo rio y me dio una nalgada que resonó en el bosque. —Tú mandas, pero no por mucho— me susurró al oído antes de acelerar el ritmo. Ya no podía pensar, solo sentir cómo su polla me taladraba sin piedad, cómo mis piernas temblaban y mi coño se contraía alrededor de su verga. Cuando por fin me dejó correrme, fue tan intenso que casi me desmayo, pero Uleison no se detuvo: siguió follándome hasta que su leche caliente me llenó entera. Cuando terminamos, él solo sonrió, satisfecho de haber ganado el juego.