Pato ordena a Kayla a abrir las piernas para chupar su coño
Empujando a Kayla contra el escritorio de la oficina le ordené que se quitara la ropa interior al instante y se abriera sin tocarme. Ella obedeció bajando la mirada mientras separaba los muslos dejando su coño expuesto y brillante. Me acerqué con la lengua lista y comencé a trazar círculos lentos alrededor de sus labios hinchados sintiendo cómo se mojaba más con cada pasada. Kayla soltó un gemido suave pero yo le exigí que pidiera permiso antes de moverse siquiera un centímetro. Ella suplicó con voz entrecortada rogándome que siguiera lamiendo más fuerte mientras yo hundía la boca entera contra su carne caliente. Aumenté la presión chupando su clítoris con ritmo constante y ella temblaba sujetándose al borde del mueble sin atreverse a cerrar las piernas. Le negué el permiso para correrse dos veces seguidas recordándole que solo yo decidía cuándo podía liberar esa tensión acumulada entre sus muslos. Finalmente autoricé el orgasmo y ella explotó mojándome la barbilla con un chorro tibio mientras gritaba mi nombre entre sollozos de placer. Kayla quedó arrodillada al final del escritorio con las piernas todavía abiertas y el cuerpo temblando por la obediencia total que acababa de demostrar.