Roussalka, la rojiza que se entrega por primera vez
La tensión entre Mamou y Roussalka llevaba días acumulándose, miradas furtivas, roces casuales que se alargaban demasiado, hasta que ya no pudieron aguantar más. Ella se agacha frente a él, sus labios carmesí se abren para envolver su polla dura, los ojos verdes brillando de anticipación mientras la chupa con entusiasmo, la saliva resbalando por el tallo. Él le agarra el pelo, guiando el ritmo, los gemidos de Roussalka ahogados por el grosor que le llena la boca, hasta que las caderas chocan contra su cara. La rojiza se levanta, el culo redondo y firme se ofrece, mojado de anticipación, mientras él la penetra de una estocada, las manos marcando sus nalgas. Los gritos de Roussalka resuenan en la habitación, cada embestida más profunda, más salvaje, hasta que el orgasmo la recorre, el cuerpo temblando, los músculos apretando su verga. Él se corre dentro de ella, gruñendo, las piernas de Roussalka flaquean, pero él la sostiene, sintiendo los espasmos de su coño alrededor de su polla. Cuando todo termina, Mamou mira su rostro sudoroso, los labios hinchados, y sonríe al verla completamente satisfecha.