Sweetkuzy y su amante se devoran en un polvo lésbico ardiente
Esa tarde en el dormitorio, el aire estaba cargado de tensión acumulada entre nosotras, días de miradas furtivas y roces casuales que ya no aguantaban más. Sweetkuzy se acercó con esa sonrisa pícara que me derrite, sus dedos temblorosos desabrochando mi blusa mientras yo le mordía el labio inferior, saboreando su gemido ahogado. Sus manos bajaron hasta mis caderas, apretando con fuerza antes de empujarme contra la pared, su lengua explorando cada rincón de mi boca mientras yo le arrancaba el sostén, dejando al descubierto esos pechos firmes que tanto había imaginado. Sus pezones duros como piedras se frotaban contra mi piel, y no pude evitar bajar hasta su coño, ya mojado de solo pensar en lo que vendría. Metí dos dedos de golpe, sintiendo cómo se contraía alrededor de ellos, su respiración entrecortada mientras yo chupaba su clítoris hinchado, lamiendo sin piedad hasta que sus muslos temblaron. La levanté y la tiré sobre la cama, abriéndole las piernas de par en par para hundir mi cara entre sus nalgas, lamiendo su culo mientras ella gritaba mi nombre. Metí la lengua hasta donde pude, sintiendo cómo se retorcía debajo de mí, hasta que no aguantó más y me empujó para montarme a horcajadas, su coño empalándose en mi rostro mientras se frotaba con furia. Cuando ya no pudo más, se corrió con un grito que hizo temblar las paredes, su jugo caliente chorreando por mi barbilla. Se desplomó a mi lado, jadeando, con los ojos vidriosos y una sonrisa de satisfacción que me dejó claro que esto no había terminado.