Tali se moja entera con un dildo gigante y el riesgo de ser pillada
—Cállate, que viene alguien— susurra ella mientras se agacha para meterse el dildo hasta las pelotas en su coño bien mojado. Wild Tali no puede evitar gemir, pero se tapa la boca con una mano mientras la otra guía el juguete monstruoso dentro de su cuerpo. El sonido húmedo del plástico entrando y saliendo resuena en la habitación, pero ella no puede parar, aunque sabe que su marido podría entrar en cualquier momento. Cada embestida la acerca más al orgasmo, sus muslos tiemblan y el líquido caliente ya empieza a chorrear por sus piernas. Se inclina hacia adelante, apoyando las manos en el suelo para abrirse más, y el dildo golpea justo donde más lo necesita. Escucha pasos afuera, pero no puede detenerse, el placer es demasiado intenso. Su culo se contrae alrededor del juguete, y cuando por fin se corre, el chorro de líquido salpica la alfombra mientras ella se muerde el labio para no gritar. El riesgo de ser descubierta solo la excita más, y aunque sabe que debería parar, no puede evitar seguir follándose con el dildo hasta que otro orgasmo la sacude entera. El corazón le late a mil, pero no hay tiempo para recuperarse: alguien gira el picaporte de la puerta.