Angela Parrales se muestra en bikini en la playa y enciende a todos
Angela Parrales siempre supo que ese bikini blanco era una provocación, pero lo usaba igual, sabiendo que cada paso que daba sobre la arena caliente hacía que las miradas se clavaran en su culo firme y su coño apenas cubierto. Llevaba días notando cómo los tipos del bar cercano la miraban con hambre, cómo sus ojos bajaban hasta su tanga cuando creía que no la veían. La tensión se acumulaba, esa electricidad que solo existe cuando alguien sabe que está a punto de romper todas las reglas. Hoy no había nadie cerca, solo el sol pegando fuerte y el sonido de las olas, pero la forma en que se ajustó las tiras del bikini, como si estuviera invocando a alguien, lo dijo todo. Primero fue un murmullo, luego un roce casual de sus dedos sobre el pecho de uno de los chicos, y antes de que pudiera reaccionar, ya la tenían contra la pared de un pequeño refugio entre las dunas. Sus manos empezaron a recorrerla con urgencia, metiéndose por debajo de la tela, apretando sus tetas, tirando de su tanga hasta que la tela se rompió. El primer dedo que se hundió en su coño mojado la hizo gemir, pero no era suficiente, nunca lo era con ellos. Quería más, y cuando el primero la empotraron contra la pared, sintiendo cómo su polla dura entraba de una estocada hasta hacerle tocar el cuello del útero, supo que no pararía hasta que todos la hubieran llenado. Cada embestida la acercaba más al borde, pero se resistía, disfrutando de la frustración en sus caras cuando se corrían demasiado pronto. La segunda polla en su boca, la tercera en su culo, el cuarto follándola por detrás mientras los otros le masturbaban el clítoris... la playa desapareció, solo quedaban gemidos, manos sudadas y el sonido de carne chocando. El momento en que los cuatro soltaron su leche sobre ella, marcando su piel con salpicaduras calientes, fue cuando supo que no olvidaría la sensación de ser usada tan sucio