Assilille y yo follando como locos en el baño de la oficina
Esa tarde, después del trabajo, la vi pasar por el pasillo ajustándose la falda, rozándome el brazo sin querer. Sabía que su marido estaba fuera de la ciudad, así que la seguí hasta el baño de mujeres y cerré la puerta con seguro antes de que pudiera gritar. Le tapé la boca con la mano mientras le subía la falda con la otra, sintiendo su coño ya mojado contra mis dedos. 'Shhh, alguien puede escucharnos', susurré mientras le bajaba las bragas de un tirón, sus muslos temblando al sentir mi polla dura rozándole el culo. La empujé contra el lavabo, abriéndole las piernas de golpe para meterla de una embestida, sus gemidos ahogados contra mi palma. Cada vez que alguien pasaba por el pasillo, el ruido de los tacones contra el suelo nos hacía quedarnos quietos, sintiendo cómo su coño se apretaba más alrededor de mi verga. Le mordí el cuello para callarla mientras la embestía más fuerte, sus nalgas chocando contra el mármol con cada golpe. Sus uñas se clavaron en mi espalda cuando me corrí dentro, sintiendo cómo su cuerpo entero se tensaba al sentirme llenarla. Al salir, noté el charco de leche en el suelo entre sus piernas, brillando bajo la luz del baño.