Cain Marko reta a Milo a chupar su polla gigante
—¿Crees que puedes con mi verga, niño?— le solté con una sonrisa pícara mientras Milo Miles me miraba con esos ojitos de cachorro hambriento. Sabía que no podía resistirse, así que me bajé los pantalones de golpe, dejando que mi polla gruesa y venosa rebotara frente a su cara. Se lamió los labios, desafiante, y yo le agarré del pelo para empujarlo hacia abajo. Su boca caliente me envolvió de una sola vez, tragando mi verga hasta que las caderas chocaron contra su cara. Gemía con cada embestida, ahogándose un poco pero sin retroceder. Le metí los dedos en el culo, apretado y tembloroso, mientras él me chupaba con desesperación. Sentía sus labios resbaladizos, su lengua juguetona, y cuando le di una palmada en el culo, lo escuché gemir más fuerte. —¿Te gusta, putita?— le pregunté, y él solo asintió con mi polla aún en la boca. Le di la vuelta y lo empotré contra la pared, follándolo con fuerza mientras seguía mamándome. Su boca era un pozo sin fondo, y yo no paraba de correrme en su garganta. Al final, cuando ya no aguantaba más, le escupí en la cara y le dije: —¿Ves? No eras tan duro como pensabas.