Confesión #5: Cuando aposté que la volvería loca follándomela en el vagón
Aposté que la reduciría a gemidos en menos de cinco minutos y ella se rio, retándome a probar suerte. La acorralé contra la pared del vagón vacío, mi polla ya creando un bulto que no podía ignorar, y le levanté la falda con un tirón, rompiendo su ropa interior para hundirme en su coño mojado de golpe. Sus muslos temblaron al sentirme entrar hasta el cuello del útero, sus uñas marcándome la espalda mientras repetía 'más' entre dientes, pero no era suplica, era desafío. Le di la vuelta, empujando su culo hacia mí y dándole de lleno con cada embestida, el sonido de su piel chasqueando contra la mía llenaba el vagón. Sus gemidos se volvieron gritos cuando le tapé la boca con la mano, mordiendo su oreja mientras le preguntaba si ya se rendía, pero solo escupió un 'sigue' seguido de un gemido ahogado. Cambié el ángulo, hundiéndome hasta hacerla arquearse, sintiendo cómo su coño apretaba mi verga cada vez que le acercaba el orgasmo con los dedos. 'Te dije que no podías', susurré, pero entonces ella se corrió con un grito, sus jugos chorreando por mis pelotas mientras yo le llenaba el culo sin piedad, su cuerpo convulsionando alrededor de mi polla.