La vecina curvilínea me pilló espiando y me chupó la verga en la lavandería
La lavandería del edificio estaba en silencio, solo el zumbido de las máquinas y el olor a jabón barato en el aire cuando te escondiste detrás de las pilas de ropa para espiar a la vecina de culo enorme. No esperabas que ella te descubriera, pero en vez de gritar, Milla Ferrazo se acercó con una sonrisa pícara, sus tetas grandes rebotando con cada paso. Te agarraba la polla por encima del pantalón mientras susurraba que no quería que nadie los escuchara, que su marido podía volver en cualquier momento. Te la chupaba con fuerza, ahogándose con tu verga gruesa mientras sus manos apretaban tu culo, sintiendo cómo te ponías cada vez más duro. La levantaste contra la pared, separándole las nalgas para meterle los dedos en el coño mojado, escuchando sus gemidos ahogados contra tu boca. La empotrabas contra la secadora, sintiendo cómo sus uñas se clavaban en tu espalda mientras te pedía que la llenaras de leche. Cada embestida hacía temblar las máquinas, y el miedo a que alguien entrara solo te ponía más caliente. La volteaste para ver su culo perfecto mientras te la follabas por detrás, sintiendo cómo su coño apretado te apretaba la verga como un guante. No aguantaste más y te corriste dentro de ella, llenándola hasta que sus piernas temblaron y tuvo que apoyarse en la pared. En más de 11 minutos de escena, no hubo tiempo para pensar en las consecuencias, solo en el placer de follar a la vecina prohibida.