Carla arriesga todo en un polvo rápido y prohibido en el trabajo
Carla no podía resistir más la tentación de tener a su jefe dentro de ella, especialmente sabiendo que en cualquier momento alguien podía entrar y pillarlos. Con las piernas temblorosas, se agachó frente a él, sacando su polla ya dura y metiéndosela en la boca hasta que las caderas chocaron contra su cara. Mientras chupaba, sus gemidos quedaban ahogados por la presión, pero el sonido de la puerta del pasillo la hizo tensarse. Él la agarró del pelo, empujando más fuerte, sintiendo cómo su lengua recorría cada centímetro de su verga antes de que ella la sacara, mojada y brillante, para montarse sobre él a horcajadas. Cada embestida la acercaba más al borde, sus tetas rebotando con cada movimiento, hasta que él la hizo girar y la empotró contra la pared, embistiéndola con fuerza mientras ella ahogaba sus gritos en el hombro de él. La tensión de ser descubiertos solo los excitaba más, y cuando ella sintió que su coño se contraía, él la llenó hasta las pelotas, corriéndose justo cuando unos pasos se acercaron a la puerta. Se quedaron quietos, respirando agitados, con la leche escurriendo entre sus muslos, mientras la amenaza de ser atrapados los dejaba temblando. La próxima vez, Carla planea ser aún más descarada...