El doctor Legrand le da su verga monstruosa al pequeño Milo
El sofá de cuero negro en el man cave de Milo cruje bajo el peso de los dos hombres, la luz tenue de las lámparas de pie dibuja sombras que bailan en la pared mientras el aire huele a whisky y excitación. Legrand, con su polla negra gruesa latiendo entre sus muslos, se sienta como un dios, mirando con desprecio al twink que se arrastra hacia él. Milo, pequeño y tembloroso, tiene los ojos llenos de resentimiento, cada movimiento de sus caderas es un recordatorio de que esto no es placer, es venganza. El médico agarra el pelo rizado de Milo y lo obliga a abrir la boca, empujando su verga hinchada hasta que el pequeño chupa con desesperación, ahogándose en la saliva que gotea por su barbilla. Las lágrimas brotan de los ojos de Milo mientras Legrand embiste su garganta, disfrutando cada sonido de agonía que escapa de sus labios. Cuando ya no aguanta más, el doctor lo gira bruscamente, hundiendo su polla en el culo apretado de Milo de una sola estocada, arrancándole un grito que rebota en las paredes. Las manos de Legrand aprietan las caderas del twink, marcando la carne con sus dedos mientras folla con fuerza, sintiendo cómo el pequeño se estrecha alrededor de su verga. Milo gime y maldice, pero el médico no se detiene, cada embestida es un castigo, cada gemido una victoria. Cuando Legrand por fin se corre, su leche caliente inunda el culo de Milo, marcándolo como suyo. Afuera, el otro hombre—el amante de Milo—aprieta los puños al escuchar los gritos de placer mezclados con agonía desde la ventana, sabiendo que nunca lo tendrá de vuelta.