Femboy recibiendo polla de máquina sin parar
Estaba bailando en ropa interior frente al espejo, moviendo el culo como una provocación, sabiendo que Sasha Earth me observaba desde el teléfono. Me puse los tacones más altos, las ligas, todo para que no aguantara más, para que al verme así se le secara la boca de ganas. Sabía que estaba mandando fotos, que las guardaba en el bolsillo para masturbarse después, pero hoy quería que perdiera el control, que no pudiera resistirse. Cuando entró al cuarto, ya no era el mismo de siempre: venía con la polla dura como piedra, los ojos inyectados de lujuria, y sin decir nada me empujó hacia la máquina, me subió encima y me hizo agarrarme de los mangos. La máquina empezó a moverse a toda velocidad, cada embestida me llegaba hasta las pelotas, y yo gritaba, sintiendo cómo me rompía el culo, cómo cada golpe me hacía gemir más fuerte. Sasha me sujetaba de las caderas, apretándome contra el plástico, mientras me susurraba al oído: 'Te encanta, ¿verdad, puta? No puedes ni hablar, solo gritar'. Y era cierto, no podía ni pensar, solo sentía la polla artificial entrando y saliendo, el culo ardiendo, los gemidos saliendo sin control. Cuando por fin me corrí, fue tan fuerte que casi pierdo el equilibrio, y él solo sonrió, satisfecho, diciendo: 'Si crees que esto fue mucho, espera a lo que viene después'.