Gatubela es empotrada contra la pared por un ladrón furtivo
Él acorrala a la heroína en el callejón oscuro, sus manos ásperas le arrancan el traje ajustado mientras le susurra al oído que no haga ruido. Ella siente como sus dedos gruesos le aprietan los pechos, los pezones duros como piedritas, mientras la empuja contra la pared húmeda del callejón. Las piernas de Gatubela tiemblan cuando él se arrodilla y le separa las nalgas con un dedo, soplando suavemente sobre su coño ya mojado. El ladrón se relame antes de hundir la lengua hasta hacerla gemir, pero un ruido lejano en la calle los hace congelarse por un segundo. Él la silencia con un beso brusco y la gira contra la pared, levantándole la pierna para meterle la polla de una estocada. Cada embestida la hace chocar contra los ladrillos, sus uñas se clavan en la pintura descascarada mientras intenta ahogar sus gemidos. El miedo a ser descubiertos los vuelve más salvajes: ella muerde su hombro para no gritar cuando él la penetra más fuerte, sus pelotas golpean contra su piel mojada. Un ruido de pasos los hace detenerse, pero es solo un gato que pasa corriendo. Él aprovecha para agacharse y chuparle el clítoris con fuerza, haciendo que sus rodillas cedan. Cuando la levanta de nuevo, sus caderas chocan contra las de ella sin tregua, hasta que ella se corre con un gemido ahogado, las paredes de su coño apretando su verga. Él la descarga dentro con un gruñido, el semen caliente llenándole el coño mientras ella sigue temblando. La chaqueta de él queda tirada en el suelo, manchada de maquillaje y sudor, cuando por fin se separan.