Verificación caliente con la vecina que no para de gemir
Carolina te ha estado mirando con esos ojos de puta hambrienta cada vez que pasas por su jardín, rozando la cerca con las tetas rebotando bajo la blusa ajustada. Hoy, al verla en tanga mojada mientras riega las plantas, no aguantaste más: la agarras por la cintura y la arrastras hacia el sofá, sintiendo cómo su coño arde al rozar tu polla dura. Le arrancas el tanga de un tirón, hundiendo los dedos en su culo respingón antes de empotrarla de una estocada, escuchando cómo grita cuando tu verga le llena el útero. Sus uñas se clavan en tu espalda mientras te la follas sin piedad, sus gemidos se vuelven más agudos cada vez que te entierras hasta las pelotas, sintiendo cómo su coño se aprieta alrededor de tu polla. Cuando por fin te corres, suelta un alarido y el semen le chorrean por los muslos, mezclándose con sus jugos. Al terminar, notas su tanga roto tirado en el suelo, con una mancha de tu corrida secándose en la tela.